
EL DESPERTAR ESPIRITUAL COMO RECORDATORIO, NO COMO RESULTADO.
La iluminación espiritual nunca ha tenido que ver con la devoción a una sola persona, maestro o entidad externa, ya sea en la Tierra o en cualquier otro lugar del universo.
El verdadero despertar comienza en el momento en que el yo reconoce que lo Divino no se encuentra fuera del yo, sino que es algo que vive, respira y se expresa desde dentro. Cada ser encarna una chispa de la misma inteligencia creativa que ha creado las estrellas, los mundos y la vida misma. Tú no estás separado del plan universal. Eres un participante eterno en él.

Este entendimiento no es nuevo.
Ha surgido una y otra vez en culturas, civilizaciones y en toda la historia de la Tierra. Las enseñanzas antiguas, los textos sagrados, las tradiciones orales y las escuelas místicas apuntan todas a la misma verdad fundamental: lo Divino no gobierna desde la distancia.
Revitaliza la vida desde adentro.
La humanidad ha sido recordada de esta verdad muchas veces, en muchos idiomas y a través de innumerables formas simbólicas.
EL PAPEL DE LOS MAESTROS: EJEMPLO, NO DOMINACIÓN. Figuras como Jesús (Yeshua), el Cristo, Buda y otros maestros iluminados que alguna vez caminaron sobre la Tierra, nunca deberían ser adorados como ideales inalcanzables. Su verdadero objetivo era dar un ejemplo auténtico a través de sus vidas. Proclamaron mensajes de autoempoderamiento, autorrealización y unidad con lo Divino, y vivieron estas enseñanzas abiertamente para que la humanidad pudiera atestiguar que un estado así es posible en la existencia humana.

No vinieron a erigirse por encima de la humanidad, sino a actuar en su interior y revelar su potencial superior. Sus vidas fueron ejemplos vivientes de lo que es posible cuando el miedo desaparece, el corazón se abre y la consciencia se alinea con la verdad divina. El mensaje nunca fue: «Mírenme», sino más bien: «Recuerden quiénes son».
Estos maestros entendieron que las palabras por sí solas no eran suficientes. La humanidad necesitaba ver la encarnación. Necesitaba la prueba de que la compasión puede superar la crueldad, la fe puede trascender los límites y la consciencia divina puede actuar en la vida cotidiana de un ser humano. Así, el camino fue iluminado, no impuesto.
EL UMBRAL DE LA RECORDACIÓN. Muchas almas antiguas en ascenso se encuentran ahora en el umbral de esta realización. Crecce la consciencia interna de que lo que alguna vez fue admirado externamente, ahora despierta en su interior. Las cualidades que alguna vez solo se atribuían a los santos, profetas y maestros están siendo redescubiertas como capacidades ocultas en el alma humana.

Esta realización puede ser igualmente embriagadora y perturbadora. Conscientizarse de la propia naturaleza divina significa asumir la responsabilidad de los propios pensamientos, acciones y creaciones. Es el fin de la dependencia espiritual y el comienzo de la participación consciente. Ningún salvador viene de afuera. El despertar solo puede ocurrir desde adentro.
Esta es la revolución silenciosa que se está desarrollando en el planeta. No es el ascenso de nuevos modelos a seguir, sino el ascenso de individuos que se recuerdan su conexión con la Fuente, entre sí y con el gran Todo. La iluminación no es un alejamiento de la humanidad, sino una elevación a una expresión más amplia de la misma.
Mientras esta memoria se extiende, la humanidad se acerca a la verdad, que siempre ha dormido pacientemente en lo oculto. Lo que los maestros demostraron nunca fue exclusivo. Fue preparatorio. Fue una previsualización de lo que la humanidad ahora está lista para encarnar por sí misma.
En un servicio amoroso y devoto del ascenso
De los Trabajadores de la Luz del Ascenso
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