Era uno de los primeros días del verano de 1947 cuando el pastor Mohammed ed-Dhib arrojó una piedra a una cueva de Qumrán, mientras buscaba a una de sus cabras extraviadas. Pertenecía, como su primo Jum’a, a la tribu beduina de los Ta’amireh. El sonido que la oquedad le devolvió no era lo que esperaba: […]
a través de Los cadáveres podrían dar la clave de los documentos de Qumrán — La esencia misma del Misterio
