2da. parte Mensaje Maestro Amajur… LLAMADO A LA LIBERTAD

llamado a la libertad.

Esta enseñanza debe ser especial, porque debe ser un llamado a la libertad, a esa libertad que no conoce de moral ni de principios y convencionalismos sociales, a esa libertad que da la espalda a los ídolos, porque los reconoce hechos de piedra, a esa libertad que se difunde como el aire, porque es ligera y no le gusta arrastrarse, a esa libertad que vuela y hace suyos los dominios de Dios, porque no reconoce otro poder en el universo.

Esa es la libertad de que les hablo, esa es la libertad sin disciplina ni fronteras, sin orden ni convencionalismos, esa libertad que no reconoce autoridad sino la divina, aquella es pura luz y no puede ser expresada en palabras, esa libertad que se rige por la intuición, porque es la más alta manifestación de la voluntad divina, que un hombre puede percibir encarnado. Sigan a esa voz y cuando se enfrenten a un grupo, háblenle desde adentro, vuelen junto con ellos y serán los más grandes instructores que la humanidad haya dado a luz en todos sus tiempos.

 

6.     EL MUNDO DEL ESPÍRITU.

Otras veces hemos trabajado juntos, por lo que esta ocasión representa para mí un motivo de gozo. Como ustedes saben, cada uno de los instructores de Shamballa refleja ciertos aspectos de la enseñanza . El propósito de cada uno de nosotros es hacer visible al discípulo, aquellas áreas en las que se precisa un desarrollo acelerado, o bien, un equilibrio que compense algunas deficiencias en su desarrollo personal.

La madurez Espiritual debe llegar

En lo que respecta a su grupo, hay una característica que parece ser resultado común en la mayoría de ustedes, y sobre esa área quisiera trabajar. Esta característica es el resultado del proceso particular de educación, que han venido teniendo desde sus inicios como estudiantes de la luz. Me refiero a ese sentimiento de que ustedes están pequeños, de que todavía es posible permitírseles algunas libertades y, hasta cierto punto, disfrutan de esta pequeña sensación de infantilidad. Sentirse niños siempre es cómodo, pero tarde o temprano, la madurez espiritual debe llegar y, junto con ella, debe aparecer la responsabilidad, que como trabajadores de la luz cada uno ha de desarrollar.

Así pues, mis palabras irán dirigidas a ir moldeando esas áreas que han quedado atrofiadas en su desarrollo. No busco otra cosa que ser un auxiliar en el camino que cada uno de ustedes ha emprendido y, por lo mismo, no hablaré a sus conciencias humanas, sino a estos seres que tengo enfrente de mí y que representan el sumo de las aspiraciones, que como seres humanos ustedes tienen.

Comenzaré diciendo que todos los grandes árboles alguna vez fueron semillas, todas las grandes montañas alguna vez fueron pequeños granos de polvo, el océano mismo se formó con pequeñas gotas y ustedes, seres espirituales que buscan despertar a una enseñanza, a un conocimiento universal, no son sino el resultado de pequeños conceptos que han ido acumulando.

Hoy no quiero hablar de conceptos sino de realidades. Hoy no apelaré a su intelecto, sino a esa realidad interior que ustedes perciben como un hecho, no como un concepto; como seres vivos que son, conscientes de su existencia, forman parte de este universo.

El universo mismo es un misterio para ustedes, por la simple y sencilla razón que una pequeña parte nunca podrá entender al todo. Su pequeña conciencia humana ha de expanderse hasta donde abarcara el universo. Esa expansión es posible por el simple hecho de que la misma substancia, con la que están construidos los mundos y las galaxias, es la misma substancia con la que están construidos sus pensamientos.

Somos todos seres gigantescos.

Somos todos seres gigantescos. Somos todos parte de una realidad que se confunde únicamente en las mentes humanas; que se perciba a veces como una dualidad es solamente porque la conciencia humana se ha empeñado en dividir las cosas en materiales y espirituales. Pero el universo no sabe de divisiones; la verdad es una, clara y diáfana, no puede aceptar etiquetas, ni conceptos, solamente para permitir ser entendida por las pequeñas mentes humanas. Nombren una cosa y estarán siendo injustos con ella, hablen de algo y solamente estarán engañándose ustedes mismos; porque su percepción de la realidad es tan pequeña como su evolución personal. El universo está más allá de todo eso.

 

La verdad única es indivisible.

La verdad única es indivisible, es impersonal y no puede ser ajustada para caber dentro de la irracionalidad humana. Es el hombre el que debe despertar dentro de esa verdad y no intentar explicarla, no intentar comprenderla, no intentar jugar al sabio, sino simplemente vivirla, experimentarla, ser parte de ella y gozar con ese sentimiento.

El ser humano es el resultado de una multitud de conceptos que se han ido acumulando como se acumulan los granos de polvo en los nidos de ciertas hormigas; forman montañas que se desmenuzan al menor soplo de viento. Y así es el hombre, un resumen de conceptos, una síntesis de conocimientos inventados por el hombre, y he dicho inventados y no descubiertos, porque lo que el hombre llama descubrimiento no es sino una invención que aparentemente concuerda con otras realizadas por sus antepasados.

El orgulloso edificio de la ciencia se ve ridiculizado por un simple hecho normal en la naturaleza; el nacimiento de un bebé o la apertura de una flor.

¿Qué es el conocimiento humano comparado con este hecho?, caricaturas tal vez, imágenes de mentes que sólo pueden ver un aspecto limitado del milagro de la creación.

Son la biología y las matemáticas, la física y la astronomía, toscos esbozos de una realidad parcial que es capturada por ese órgano llamado cerebro. Y entonces, el ser humano desvía su atención y se concentra enorgullecido de sus propias creaciones, olvidándose de que sólo está jugando a ser un hombre sabio cuando su propio cuerpo le habla de verdades más grandes, y lo olvida porque gusta de jugar con sus propios inventos. Pero la realidad es aquella que mora internamente.

El túnel que conduce a Dios

El túnel misterioso que conduce al contacto con Dios, no es cruzado ni por la vista ni por los oídos porque no existe fuera del hombre; está dentro de él. Todas las grandes maravillas del universo, todos los misterios de Dios se encuentran encerrados en cada ser humano. El hombre en su búsqueda abre los ojos y mira cascarones, y se empeña en estudiarlos, y todo lo que ha hecho es construir un mundo de mentiras, un mundo de cascarones con ecuaciones. Conciencias que sólo explican las cosas por fuera.

¿Y qué descubre el estudiante cuando cierra sus ojos y abre su visión interna?

La sensación de estar vivo, el sentimiento de participar de la creación de Dios, una realidad que jamás podrá ser explicada en palabras, porque las palabras son las hijas de los conceptos, y los conceptos son las sobras de la realidad. Descubre que su verdadero nombre no puede pronunciarse. Descubre que sus verdaderos sentimientos son más grandes que el mundo mismo. Descubre la fantasía del tiempo, esa gran ilusión, en la que los tristes humanos se ven envueltos, arrastrados desde nacimientos que no comprenden, hasta muertes que consideran inevitables. Triste paradoja de un hombre que siendo inmortal aprende a morir porque nunca miró hacia adentro. Pero el que vive en la luz interior no sabe de fantasías, no sabe de conceptos, vive, crece y mora en otra realidad; una realidad que no se deja engañar por los sentidos, ni por los pensamientos, que no son otra cosa que archivos de recuerdos, fantasmas de pasados que no son válidos.

Ser uno con el universo.

La luz que conecta al ser interior borra todo vestigio de maya e ilusión. Borra cualquier indicio que particularice al ser en una individualidad tan falsa como sus propios pensamientos. Y respira la unidad, respira la comunión, y viaja dentro de la maravillosa sensación de estar unido con el creador, de ser uno con todo el universo, y vive con la estrella, y vive con el mar, y vive en ese gran inconsciente que anima los cascarones humanos, y empieza a entender los porqués de los comportamientos de los hombres.

Esa densa neblina que impulsa y mueve a todos esos cuerpos que no han aprendido a mirar hacia adentro. Pequeñas máquinas que piensan en procesos que son el resultado de programas que ellos mismos han adoptado de esas nieblas que los guían.

Los seres humanos son máquinas.

Y entonces dentro de esa inmutable tranquilidad de que goza el vidente interior se enfrenta repentinamente a la brutal realidad humana; los seres humanos son máquinas cuyos comportamientos pueden ser perfectamente comprensibles por la misma niebla en la que se mueven, y cuando esto es percibido, el vidente guarda silencio porque cualquier palabra lo haría caer en los mismos hechos que ha percibido, y regresa al mundo sin perder el contacto interior, tal vez descorazonado de no poder explicar lo que ha visto, porque en el momento que lo hiciera sus palabras se convertirían en teoría, en conceptos, y formarían parte de esa vasta niebla en la que están todos involucrados. Mejor guarda silencio, y espera a que alguno de esos pequeños muñecos ambulantes pueda asomarse a sus ojos y llegar a percibir, aunque sea sólo un atisbo de la gran realidad interior.

 

7.      LA RELATIVIDAD DEL LENGUAJE.

El mundo de los conceptos es el mundo de la mente, un mundo revestido en palabras, un mundo en donde los significados son tan variados y distintos, que las ideas encuentran difícil ser expresadas de tal forma, que puedan transmitirse de mente a mente.

El hombre ha encontrado en el lenguaje su mejor instrumento para la transmisión de ideas; sin embargo, existen multitud de cosas en el mundo del espíritu para las cuales el lenguaje es un tosco vestido.

 

La realidad del hombre no puede ser revestida de palabras, porque el lenguaje es el fruto de una humanidad que viene evolucionando, y que inventa vocablos para las cosas que conoce, y se sumerge en laberintos de especulaciones, para tratar de describir cosas que ni siquiera internamente logra tener en claro. No pretendan estudiar al mundo espiritual basados únicamente en palabras, en conceptos; no es el intelecto humano el único instrumento que el hombre posee para estudiar el mundo espiritual, vivirlo, experimentarlo.

 

El trabajo en el mundo interno.

Sentir lo que es trabajar en el mundo interior es en verdad un mejor instrumento, sin embargo, no es sencillo para el discípulo desligarse de los conceptos y tratar de percibir la realidad espiritual, únicamente con su propia experiencia; por eso es que a lo largo de mis comunicaciones, he tratado de establecer la relatividad del lenguaje y los peligros que representa sumergirse en un estudio sistemático, basado únicamente en conceptos.

Todas las teorías encuentran punto de contradicción cuando son analizadas a la luz de los conceptos, todas las escuelas presentan dificultades al tratar de unir sus filosofías, porque sus vocablos forman barreras enormes, que impiden a los discípulos encontrar una fiel concordancia entre sus creencias. Debemos trascender el lenguaje, trascender la forma y penetrar detrás de las caretas humanas hasta esa esencia viva, que todos reconocen tener.

 

No expliques tu verdad con los labios.

La creación de un lenguaje apropiado para el mundo espiritual, está aún lejos de ser conseguida, pero mientras tanto eso se dé, deberá ser la luz de los ojos, la pureza del sentimiento, la esencia de las obras que se realicen, las que hablen del mundo espiritual.

No expliques tu verdad con los labios, mejor explícala con tus manos, que tus palabras guarden silencio mientras tus pies y tus manos trabajan en la obra espiritual, que tus ojos aprendan a hablar, que tu cara sea el reflejo de todo lo que has aprendido, que tu vida sea el libro en donde los demás puedan estudiar, porque los conceptos son cadenas y las cadenas coartan la libertad del espíritu, y sólo un espíritu libre podrá, en verdad, reflejar la enseñanza del espíritu, porque solamente aquellos que han aprendido a volar más allá del mundo de las formas, más allá de los conceptos, son capaces de mirar al sol frente a frente, guardar su luz en su interior, voltear hacia la humanidad y hacer llegar esa luz a través de sus actos, a través de su mirar, a través de su presencia.

 

Olor a esclavitud.

Hay seres que huelen a esclavitud y seres que emanan libertad, encuentren a estos últimos y sigan sus pasos sin preguntar, sin tratar de preguntar el porqué de las cosas, simplemente aprendan a volar, no construyan teorías alrededor de un ser libre, no formulen conceptos, déjense llevar por ese lenguaje callado, sin palabras, que emerge de manera natural de lo más interno del espíritu. Más allá del mundo de las formas, más allá del maya y del espejismo, se encuentra el río de la libertad, se encuentra la luz que disipa las cadenas, que liberta las alas, que disipa las nieblas y, entonces, cuando el agobiado estudiante entra en contacto con esos aires, con las aguas de ese río, ve su personalidad disiparse en pequeñas brumas, observa asombrado cómo sus ropajes son disueltos, y cómo esas pequeñas cosas de las que tal vez se sentía orgulloso, son dispersadas por el viento, de la misma manera como las cenizas son dispersadas cuando la brisa sopla.

¿Qué queda cuando todo se ha perdido?

¿Y qué es lo que queda?, ¿qué queda de un hombre que ha olvidado su nombre, que ha disuelto su personalidad, que ha olvidado su historia?, ¿qué queda de alguien que ha olvidado pensar por qué carece de un lenguaje?, ¿qué queda cuando todo se ha perdido?.

 

La respuesta es: queda lo mismo que llegó hace muchos años a buscar una manifestación en el mundo de las formas, queda la luz, queda la semilla germinada, queda la esencia, queda un ser fundido en la luz, queda una emanación divina sin forma, sin palabras, sin nombres, ni etiquetas. Queda un reflejo de Dios, un pensamiento divino, un hálito de creación, eso es lo que queda.

¿Cómo se puede describir, sin palabras, la grandeza del espíritu?, ¿cómo describirse a los seres humanos una filosofía espiritual, si todo lo que hacen en pensar en términos de conceptos?, ¿cómo transmitir las verdades, haciendo a un lado el intelecto?, ¿cómo hablar de espíritu a espíritu, si continuamente se interpone el lenguaje, las palabras?, ¿cómo hablar desnudos, si todos buscan el vestido?

La libertad es el más preciado don que Dios presentó a los seres humanos, y al ser humano, le avergonzó su propia realidad, y tuvo que revestirla, disfrazarla, hacerla compatible con su pequeñez, e inventó el lenguaje, y entonces olvidó que él no era la ropa, sino lo que iba adentro, que él no era la forma, sino la luz pura y diáfana que se escondía detrás. Pero algún día esa luz romperá los ropajes, se filtrará entre las cuerdas que han formado el maya y la ilusión, romperá la telaraña y el ser crecerá y crecerá, porque a la luz no se le puede contener, la semilla crecerá, y no será un jardín, sino un bosque y, en ese bosque, el ser volverá a renacer libre de ataduras, de ropajes y de cadenas, y el río de la libertad volverá a humedecer las tierras sedientas de la sociedad humana.

 

8.      LA LIBERTAD ES EL ESTADO NATURAL DEL SER.

Para los hombres cuya experiencia diaria no es sino un permanente recordatorio de que se encuentran oprimidos y en cárceles que ellos mismos han construido, venir aquí y hablar de libertad es como respirar un aire nuevo, es como percibir nuevamente el aroma que surge de las flores silvestres, aquellas que no han sido obligadas a crecer dentro de un jardín por las manos de pseudo jardineros.

He observado cómo las palabras de libertad hacen eco en sus mentes y los impulsan a buscar nuevas formas de conducta y pensamiento, deseando descubrir la salida del laberinto que cada uno de ustedes ha formado en sus vidas; es por eso, que esta vez, he venido a platicarles una vez más de libertad, y es seguro que tendré que regresar varias veces para recordarles cosas tan sencillas, que por su misma simplicidad son rechazadas a nivel subconsciente por ustedes.

La libertad es la ausencia de cadenas.

La libertad es la ausencia de cadenas, no importa si son éstas experiencias del pasado, lecciones descubiertas por ustedes mismos, valores morales que han adoptado o cualquier otro concepto que haya determinado el curso de sus vidas.

 

La libertad es poder decidir.

La libertad es simplemente el poder decidir en todo momento lo que se desea, lo que en verdad se desea, no esos deseos que surgen de los convencionalismos, no esos deseos que surgen de verdades aprendidas de otras mentes, no esos deseos que surgen como conclusiones lógicas al percibir sus propias limitantes y pensando internamente que no tienen más opciones. No me refiero a satisfacer esos deseos, me refiero al poder real de decisión que ejerce un ser humano cuando se sabe inmortal, cuando se sabe libre, cuando se sabe que se encuentra en una escuela en donde la única forma de aprender es viviendo.

 

La parábola de la cueva.

Los seres humanos han olvidado sus libertades, son como aquella parábola griega de los hombres encadenados dentro de una cueva, condenados a ver únicamente las sombras de lo que el mundo exterior les proyectaba y pensando que esa era su única realidad, un mundo de sombras, un mundo de encadenados, en donde los niños que crecen, gustosamente se ponen sus cadenas pensando que es la mejor forma de vivir.

 En ese mundo han crecido, y lloran y gimen pensando que tal vez con eso alguien se complazca y les muestre un camino mejor, pero no será buscando la compasión de otro como podrán alcanzar esa libertad.

 

La observación de sí mismo.

Hay libertad cuando el ser humano voltea a sí mismo y se observa como un ser completo, lleno de posibilidades, no reconociendo más limitantes que aquellas que él mismo se fija; hay libertad cuando el hombre puede ver su pasado, no como cadenas que ha construido, sino como un libro de experiencias de las que puede aprender; hay libertad cuando el ser humano mira a su futuro, pero no desde esa plataforma llena de limitantes y defectos que los recuerdos de pasadas experiencias le han dejado, sino consciente de que cada día es una página limpia en el libro de su vida, de que cada día trae múltiples oportunidades de cambiar, de que su futuro sólo él lo escribirá y lo hará consciente de lo que anda buscando. 

Acerca de Emisaria Amor

Exorcista y Terapeuta Esenia
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